El más feroz y digno guardián de las enseñanzas del Maestre Serge Raynaud de la Ferriere, el Hermano Servando nunca buscó la fama ni la riqueza material. Pero con la mirada serena y profunda, la columna vertebral siempre recta y un gozo sublime por la vida, dueño absoluto de su mismo, siempre mostraba una riqueza verdadera más allá de cualquier aspiración vana: la auténtica riqueza del espíritu.


